Restaurantes y familias buscan maneras de degustar la tradicional fanesca de Semana Santa

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    La degustación de la tradicional fanesca será diferente este año en Quito. En medio del asilamiento para evitar la expansión del coronavirus en el país, negocios que ofrecían este platillo han cerrado sus puertas hasta superar la emergencia sanitaria; otros optaron por variar su oferta y apostaron por los envíos a domicilio; y las familias también han encontrado maneras de mantener viva esta tradición.

    “Desde que se declaró la emergencia, nuestra familia decidió cerrar las puertas de los dos restaurantes. En Machachi no se puede salir ni al parque”, reseña Gonzalo Ramiro Centeno, esposo de Inés Altamirano, cuya receta de la fanesca ha sido galardonada varias veces por el Distrito Metropolitano de Quito.

    En el 2019, la fanesca que se oferta en el restaurante La Posada del Chagra estuvo catalogada entre las 20 mejores en el certamen organizado por Quito Turismo para posicionar a la gastronomía quiteña como un atractivo turístico de experiencias.

    “En el 2019 nos fue muy bien, vendimos todo”, rememora Centeno y añade que volverán a ofrecer su menú gastronómico tradicional cuando la emergencia sanitaria sea superada.

    Otro restaurante que lleva más de dos semanas sin atender al público es El Balcón de la Riobambeñita, ubicado en Guayllabamba. Según Diana Almache, administradora del establecimiento, decidieron cerrar las puertas un día antes de que el presidente Lenín Moreno anuncie la suspensión de las actividades en bares, restaurantes y cafeterías, el pasado 15 de marzo, para evitar el contagio de sus colaboradores.

    “Pensábamos en abrir el servicio a domicilio hacia Quito, pero no nos pudimos abastecer porque el mercado parroquial permanece cerrado y las restricciones a la movilidad imposibilitaron que ejecutemos nuestro plan”, señala Almache.

    Para ella, tampoco fue una opción solo atender a quienes habitan en Guayllabamba, ya que no acostumbran a consumir en los restaurantes de la parroquia. “Nuestros clientes siempre fueron los quiteños que bajaban de turismo a Guayllabamba o se dirigían hacia el norte del país”, reseña.

    El año pasado, en Semana Santa ese restaurante llegó a vender 100 fanescas a una empresa privada que los contrató, además de 150 adicionales que ofertaron dentro de su establecimiento.

    Flora Ulloa ha conseguido poco a poco los ingredientes de su fanesca. Foto cortesía Alejandra Jiménez

    Para Pablo Espinoza, propietario del restaurante Burwings que administra en el sector de la Plaza Foch las actuales circunstancias le obligaron a modificar su oferta gastronómica que se basaba en hamburguesas, alas de pollo y costillas de res, para reemplazarla por la tradicional fanesca. Vendió 200 fanescas entre el viernes 3 y sábado 4 de abril de 2020, cada una por un valor de USD 14.

    “Vimos una oportunidad de negocio y la aprovechamos para ofrecer a domicilio un litro de fanesca a través de las diferentes ‘app’ de telefonía móvil. Hemos tenido buena acogida en Quito y los valles. Nos estamos preparando para ofrecer 400 litros de fanesca en Viernes Santo”, anticipa Espinoza.

    Esta opción se ha promocionado durante las últimas dos semanas en Facebook, Twitter, Instagram y por grupos de difusión de WhatsApp. Espinoza explica que una de sus estrategias de mercadeo fue la base de datos que compiló durante tres años para reunir los números telefónicos de más de 2 500 clientes, a quienes ofreció el tradicional potaje a través de un mensaje

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    El litro de fanesca que oferta viene acompañada de masas fritas y los decorados del platillo como rebanadas de huevo duro, empanadas y hierbas. Se lo ofrece con o sin pescado seco y no incluye los postres tradicionales como higos con queso o arroz con leche. “En la semana pasada, nuestros clientes prefirieron mayor cantidad de fanesca en lugar de postre, los decorados o el molo. Parece que el confinamiento los inspiró para elaborar sus propios dulces que acompañen al tradicional platillo”, explica Espinoza.

    Flora Ulloa, en cambio, optó por mantener viva esta tradición. Ella preparó su primera fanesca cuando tenía 12 años. Ahora, a sus 86 años, comparte esta tradición, que le enseñó su mamá, con sus hijos y nietos. A pesar de que esta Semana Santa coincidió con el estado de emergencia en el país, Ulloa se ha esforzado durante estos días para conseguir todos los ingredientes.

    Alejandra Jiménez, su nieta, cuenta que su abuela es amante de los granos. Estos productos nunca pueden faltar en su hogar. Por eso, ya contaban con una parte de lo necesario para hacer la fanesca.

    Para conseguir el resto de ingredientes, contactaron con una persona que los traía directamente desde el campo. Alverja, fréjol, choclo, chocho, sambo y zapallo son algunos de los productos que llegaron en un camión esta semana a la casa de Ulloa.

    Lo único que no ha logrado encontrar es el bacalao. “Estoy segura de que mi abuelita va conseguir”, dice Jiménez. Esta joven de 29 años no recuerda haber celebrado una Semana Santa sin que su abuela haya preparado fanesca.

    En esta ocasión, la tradición será distinta. Cada año, sus tres hijos y seis nietos acuden a la casa de Ulloa para disfrutar de este platillo. Debido a las restricciones, esta vez solo lo compartirá con la familia de Jiménez.

    A pesar de que serán menos, para su nieta este es el momento ideal para aprender a preparar la fanesca, que su abuela espera continúe siendo una tradición en su hogar. La familia se juntará el jueves a cocinar y el viernes disfrutarán de este platillo.

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