Ferrocarril Guayaquil-Quito | El Comercio

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    El 16 de junio, el Presidente Lenin Moreno expidió Decreto disponiendo –entre otros- la “Extinción de la Empresa Ferrocarriles del Ecuador” y su traspaso al Ministerio de Turismo.

    Conviene recordar: en 1861 el Presidente García Moreno autorizó su construcción, pero no había financiamiento. En marzo de 1897, en el gobierno de Eloy Alfaro vino el empresario norteamericano Archer Harman, quien aseguró la financiación. Pese a dificultades, la majestuosa obra comenzó y avanzó; llegó a Alausí tras superar la construcción en la Nariz del Diablo, a costa de numerosas vidas, mucha, de peones traídos de Jamaica. No había máquinas, pero sí explosivos.

    Al fin, el ferrocarril llegó a Quito el 25 de junio de 1808, día de cumpleaños del Gral. Alfaro. Cuatro años después vino preso en su propia creación y lo entregaron en el Penal García Moreno. Todos recuerdan lo que sucedió con el único revolucionario que ha tenido el Ecuador, cuyos despojos fueron incinerados en el parque de El Ejido, donde se levanta un monumento recordatorio.

    El ferrocarril cambió completamente al Ecuador: en lo económico, el comercio entre las dos regiones se hacía por la vía Babahoyo y Guaranda (vía Flores). Traer mercancía, en mulas, de una región a otra requería quince días; con el ferrocarril, se redujo a dos días. Era más barato importar trigo y cebada de Chile o California que transportar entre las dos regiones. Las poblaciones del trayecto empezaron a realizar nueva actividad económica; el Estado ecuatoriano se consolidaba. Para las batallas de la época llevaban las armas y municiones en el tren; la guerra se multiplicó y fue más rápida.

    El financista Harman murió en octubre de 1811, en Estados Unidos. (Referencias en el valioso libro “Testigo del Siglo. El Ecuador visto a través del Diario El Comercio”)

    En 1944, con la Revolución La Gloriosa, que trajo al Dr. Velasco Ibarra del exilio, la suerte del “Guayaquil and Quito Railway” cambió radicalmente, pues fue nacionalizado. El primer problema fue una casi duplicación de empleados; demoras en el trayecto, descontento de los pasajeros. Más tarde se descubrió que algunos recogían pasajeros en el trayecto y guardaban para sí el valor del pasaje, etc, etc.

    Ya como Empresa del Estado, un valioso Gerente, el señor Ricardo Astudillo, advirtió que para pasajeros ya no rendía y creó el “Transporte de puerta a puerta”. Camiones de la Empresa retiraban arroz de las piladoras y azúcar de los ingenios y la carga la entregaban en la puerta de los almacenes de comercio, especialmente en Quito. Todo parecía un éxito; pero a poco se dieron cuenta que los quintales pesaban menos de 100 libras: algunos usaban una especie de tubo metálico con punta y extraían el producto del saco. El propósito fracasó. Para entonces, ya había camiones para carga que la transportaba con seguridad.

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