La cuerda se rompió….. | El Comercio

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    “La cuerda se rompe por el lado más débil”, es un dicho conocido que entraña verdad y sabiduría, y es lo que está sucediendo en el Ecuador. Si los resultados de la pandemia para el mundo son desastrosos qué decir de nuestro país, en crisis desde mucho tiempo atrás; un déficit fiscal alto y una deuda pública elevada sintetizan lo duro en el campo económico, mientras el desempleo y la pobreza lo hacen en el ámbito social, lo sabemos, lo vivimos, la mala gestión y los altos niveles de corrupción nos legaron esta triste situación.

    Las cifras de contagiados y los costos de salud para su cura develaron la falta de infraestructura, cobertura y calidad de nuestra salud pública, la falta de educación de la población para acatar normas y paliar la ola de contagios, la falta de ahorro privado y público que cumpla su rol de cubrir imprevistos, y ahora necesarios tanto familiar cuanto públicamente. Era urgente un ajuste para corregir el rumbo de la economía, sin embargo, como siempre la cuerda se rompió por el lado más débil, el ajuste resultó desigual, inequitativo, afectando a los más frágiles, a quienes no tienen la capacidad económica ni política de imponerse, más que el desafío al virus en las calles.

    La Asamblea aprobó la Ley de Apoyo Humanitario sin el capítulo de contribuciones para empresas y funcionarios públicos, pero sí contempló la flexibilidad laboral, donde se considera la disminución de la jornada de trabajo y por tanto la remuneración hasta en un 45%, despidos por casos fortuitos o fuerza mayor, liquidación de empresas y con ello liquidación de los trabajadores, etc. etc., mientras el propio Gobierno da cuenta de la pérdida de más de 500 mil empleos y con ello el aumento de la pobreza que mezclada con ignorancia obliga a la economía informal a lanzarse a las calles en busca de su sustento diario, en claro desafío al virus pues la disyuntiva es morir contagiado o de hambre.

    Tales evidencias, sin embargo, son insuficientes para muchos asambleístas, políticos, empresarios y gobierno que no alcanzan a mirar que aquello más temprano que tarde será un bumerán donde su efecto devastador alcance a todos. La CUT ha demandado ante la Corte Constitucional la inconstitucionalidad de la ley, y el FUT y la FTPP prevén hacerlo también por ser lesiva a sus derechos, mientras quienes viven la pobreza lo demandan día a día en las calles en busca de un empleo que les permita sobrevivir.

    A la par se cierran instituciones públicas, algunas icónicas o necesarias, como la empresa de ferrocarriles, dejando en el desamparo a muchas familias, a cuenta de su ineficiencia. ¿Quién las volvió ineficientes? En tanto, los burócratas dorados continúan y los “funcionarios indispensables” cambian de oficina y de lugar, siguen las cuotas políticas internacionales igual que el nepotismo y amiguismo, se pregonan ahorros domésticos pero se continúa pagando a atracadores, fugados, presos y pipones. El poder no cede, y la solidaridad es pura utopía.

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