Es el tiempo de una ética social

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    Tanto la virtud como el vicio están en nuestro poder, el hacer o el no hacer, el obrar lo bello y lo vergonzoso, escribió Aristóteles, uno de los primeros filósofos en ocuparse a fondo de la ética. El académico guayaquileño Tomás Rodríguez reflexiona sobre la crisis de lo ético, un “arte” del saber vivir, decidir y actuar tanto en beneficio propio como de los demás.

    Ética viene de la palabra griega Ethos, que refiere a conducta, carácter, personalidad. ¿Qué nos dice ello sobre el concepto que engloba?
    La ética parte de una interpretación propia, la ética no puede disociarse de la conciencia pero no puede ser solo un escenario de la conciencia. Nuestra ética está mediada por las formas en las que interactuamos con el mundo, con nuestro contexto y en esa relación afectamos y somos afectados.

    ¿La raíz de la palabra se refiere tanto a conducta como a carácter, la ética es adquirida o viene, en alguna medida, con nosotros?
    Creo que no es una adquisición externa ni algo completamente congénito, sino una construcción permanente, inacabada, compleja y hasta contradictoria.

    ¿Esa relatividad crea un problema para evaluar el comportamiento ético?
    Por supuesto que es relativa, para mí es más grupal que personal, se va construyendo poco a poco desde la relación familiar en casa, desde lo sentimental y o social, obviamente tiene que ver con el momento histórico. Lo que sucede es que nuestro momento histórico es preapocalíptico, el tiempo que nos corresponde vivir es un tiempo de urgencias para una construcción ética colectiva. La idea es que cada ser humano aporte desde donde puede, pero que luego asuma que es un constructo social que debe cuidar.

    ¿Se trata de una noción en evolución?
    Claro que no es lo mismo la ética de hoy que la de hace 40 o 50 años, porque responde a otras urgencias y necesidades. Para el universo de la antigua Grecia, la ética y la política tenían una relación simbiótica, tanto como la felicidad y la virtud. Las personas asumen ahora que no existe igualdad ante la Ley y los controles para el cuidado del erario nacional no alcanzan para evitar que se produzcan grandes casos de corrupción. Junto a ello hay una violencia del poder que afecta la posibilidad de construir una ética colectiva.

    Esta violencia es simbólica, se manifiesta y articula desde una supuesta legalidad que es completamente antiética. Es el mando medio buscando destruir a un mando operativo, es la clase política sintiéndose más merecedora de derechos que el propio pueblo.

    Si ser ético significa hacer uso correcto de la libertad, aceptar la responsabilidad, convivir hacia una vida plena, ¿por qué parece más difícil ahora determinar lo que es realmente conveniente o no a nivel personal, una de sus aspiraciones?
    Sucede que hoy más que nunca estamos interconectados y esta globalización que nos prometió bienestar, globaliza lo malo. Si algo nos muestra la realidad de hoy es que somos seres carentes y que necesitamos de una construcción colectiva, que permita una ética que trate de detener la marginación de gran parte de la humanidad. El confinamiento (por la crisis sanitaria del covid-19) nos ha mostrado cuánto necesitamos de los demás, cómo es importante el agricultor, el señor de la tienda… No hay cosa que no quede globalizada, entonces también deberíamos globalizar la solidaridad.

    ¿Quiere decir que los estilos de vida también se globalizan, aunque no necesariamente sean los correctos, y eso afecta nuestra concepción de lo ético?
    No deberíamos optar por un ejercicio binario, consumimos como los gringos o vivimos feudalmente como Corea del Norte, sino que son posibles otras construcciones. Hablo de construir un tejido social que permita que no haya tantas personas en un abandono tan brutal, lo que hace parte también de nuestra responsabilidad ética.

    ¿Este momento nos puede animar a construir nuevos constructos éticos?
    Por supuesto. Si no comenzamos a hacerlo ya, no será posible a futuro la vida. No se trata de volverse asceta, un fakir, sino que en nuestros comportamientos e interacciones colectivas hagamos posible una sostenibilidad de recursos, de producción, de consumo responsable, de cuidado al agricultor, por ejemplo, de generar comercio justo. Todo eso va a construir una ética social, tengo mucha esperanza de que se pueda articular a partir de ahora.

    ¿Qué implica ser responsable a partir de lo ético?
    La ética simboliza el carácter de una sociedad, asumir que existe una ética inamovible es complejo puesto que discrimina y margina a quienes se expresan por fuera de esos conceptos fijos. Hay ejemplos de figuras como (Nelson) Mandela y Martin Luther King cuyas premisas fueron consideradas insurgentes, luego sus ideas fueron rescatadas y admitidas al debate público. Ser responsable con lo ético es actuar con un profundo ejercicio crítico, desaprendiendo y rechazando el ejercicio de poder, control y presión sobre los demás.

    ¿Ser ético es ser responsable conmigo mismo para serlo luego con los demás?
    Se articula al mismo tiempo. Es más, si debo elegir considero que muchas veces el ser responsables con los demás genera un espacio para rendir cuentas, para ser transparentes, aunque los demás no te lo soliciten. Esto permite poder sentir que estás siendo responsable, que te vean responsable, y repercute en la imagen que uno tenga de sí mismo.

    ¿Cómo entender la relación ética-libertad-responsabilidad?
    Velar por la ética es también colocarse en la antípoda de lo que puede ser legal pero que es injusto o nocivo. Entiendo que es común hablar de esa distinción entre moral colectiva y la ética personal, pero los tiempos urgen a que asumamos que ambos se retroalimentan permanentemente.

    ¿Cómo se relaciona el término con lo político?
    Si la política es el arte del bien común, la ética tiene que ver con los comportamientos para alcanzar ese bien común. La política, para generar una singularidad, necesita de la ética y la ética, para evitar ser solo una abstracción, requiere de la política para materializarse.

    Según Fernando Savater, la ética consiste en procurar adquirir un saber para vivir que nos permita acertar más de lo que nos equivocamos. ¿Qué podemos reflexionar de ello, por qué no lo estamos haciendo?
    Sí, pero es un saber no acabado, un saber en diálogo, que debate, que interpela, que critica frontalmente. Es posible asumirla como un ejercicio filosófico que acompañe, pero que no ate, que permita significar y generar identidad, pero que no sirva de instrumento a la exclusión y al maltrato intelectual. A pesar de que al poder no le agrada que se enseñe filosofía desde el cuestionarlo todo, hoy las personas se acercan más a procurar ese saber, solo que todavía es asumido como una especie de terapia que se toma y luego, a la primera señal de bienestar, se abandona.

    Pero no es algo que se enseña. ¿Ello ha podido determinar una crisis de la responsabilidad ética?
    Por supuesto que en el ámbito personal y familiar la ética no se enseña, sino que se vive, se vuelve un saber presencial. En lo colectivo la ética encuentra su realización en el marco de la implementación de políticas públicas, las mismas que simbolizan las áreas de mayor interés para un Estado, para unos gobiernos lo más importante son temas como salud o educación; y para otros lo es la deuda externa…

    ¿De qué forma la corrupción política y la corrupción en general están relacionadas con esa crisis de la responsabilidad ética?
    Los actos de corrupción son una muestra de la cosificación de todo lo humano y la divinización de los objetos, de los modelos de vida, de la necesidad de vivir todos los “placeres posibles”, entre comillas. El acto de corrupción muestra un sentido cortoplacista. La corrupción expresa una brutal insensibilidad y ausencia de empatía con los demás, puesto que el corrupto al delinquir en ningún momento observa a los otros como sus iguales.

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