Barranquilla: Jaime Pumarejo explica cómo llegaron y superaron el pico del coronavirus | Colombia – Barranquilla – Colombia

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    Ese feroz ataque nunca nos cogió desprevenidos. Aunque abril registró un bajo índice de contagios y escasa mortalidad, nunca nos confiamos: nuestro equipo de trabajo, en alianza permanente con la gobernadora Elsa Noguera y el apoyo de los funcionarios del Ministerio de Salud y expertos del INS, asumió que, tarde o temprano, el covid-19 atacaría a la población barranquillera como lo había hecho con cientos de ciudades en decenas de países del mundo.

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    Por eso adoptamos decisiones tempranas, más allá de la cuarentena misma, enfocadas en la prevención y en preparar nuestro sistema de salud para las dimensiones de la emergencia.

    Teníamos la ventaja de contar con una red hospitalaria que había sido fortalecida en los años recientes, a tal punto que, antes de la pandemia, el Atlántico y Barranquilla ya tenían más camas UCI por habitante que ninguna otra región del país.

    Pero no nos dormimos en esos laureles: antes que la curva de casos se doblara hacia arriba, dispusimos 600 nuevas camas para pacientes leves e intermedios en el centro de eventos Puerta de Oro, y nos pusimos en la tarea de aumentar las camas UCI, de las 411 que había a inicios de abril a las 664 que tenemos hoy.

    Pero no se trataba de las camas UCI como tal. Ni siquiera de los equipos electrónicos y de los ventiladores, los cuales también adquirimos con nuestros propios recursos, con ayuda de la empresa privada (Promigás, Fundación Mario Santo Domingo, Grupo Bolívar), de afamados y solidarios barranquilleros como Shakira, y por supuesto con el apoyo muy notable del Gobierno Nacional. Se trataba de contar con personal médico, terapeutas y enfermeros suficientes para operar esas nuevas camas.

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    El pico de junio

    Los frutos de esa siembra los recogimos, sobre todo, durante la segunda mitad de junio, cuando tuvimos algunos días en que las UCI alcanzaron una ocupación del 95 por ciento. Y aunque hubo jornadas en que fue necesario remitir pacientes graves de un hospital que estaba copado a otro que tuviese capacidad, el sistema nunca colapsó y no solo fue capaz de atender a los enfermos de la ciudad, sino a una cantidad significativa de pacientes trasladados de otras regiones del Caribe, que alcanzaron algunos días al 15 por ciento del total.

    Incluso, a inicios de julio, cuando la ocupación de las UCI apenas comenzaba a descender, recibimos y pudimos atender sin inconvenientes a una docena de heridos graves por quemaduras de la tragedia del camión cisterna de Tasajera, en el Magdalena.

    Además de preparar la red hospitalaria para lo que venía, acompañamos a la ciudadanía con auxilios alimentarios y en dinero, y dictamos medidas de orden público necesarias para persuadir, sobre todo, a los jóvenes que andaban por las calles con una baja percepción del riesgo que corrían.

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    Según el alcalde Pumarejo, la alcaldía de Barranquilla apoyó a las familias no solo con mercados, sino con efectivo.

    Para ello fue fundamental la cuarentena, fortalecida con medidas como toque de queda en noches y fines de semana, la ley seca en el 90 por ciento del día, los cercos sanitarios y el cierre temporal de actividades presenciales en el comercio.

    Esto no habría sido posible sin multiplicar el número de pruebas. Queríamos tener la mayor información posible para tomar decisiones. Los resultados de las pruebas PCR tomaban tiempo en llegar por la limitada capacidad de procesamiento, que si bien aumentaba, nunca iba a la par de la dinámica de la toma. Necesitábamos información oportuna.

    Pasamos de 500 pruebas diarias a inicios de mayo a 1.737 en junio y 2.647 en julio, hasta convertirnos en la primera ciudad de más de 500.000 personas en Colombia con más pruebas diarias por habitante. No nos importó que por ese cúmulo de pruebas apareciéramos como ciudad récord en el número de nuevos contagios diarios.

    No queríamos maquillar nuestra imagen, queríamos salvar vidas.

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    Las cifras de la mejoría

    A pesar de ese esfuerzo gigantesco, perdimos 1.462 vidas por positivos covid confirmados, que nos duelen profundamente. Nunca sabremos cuántas salvamos, pero estamos seguros de que fueron miles, pues el 73 por ciento de los casos positivos ya están recuperados.

    Fueron días y noches durísimos, hasta que logramos doblarle el espinazo a la curva.

    En julio, las cifras de contagios diarios y decesos, así como las hospitalizaciones y la ocupación de camas UCI, descendieron de manera significativa. Esta es la explicación.
    Como primera evidencia, durante junio tuvimos promedios de contagios semanales que rondaban los 650 por día. En julio, esos promedios se situaron en torno a los 300, y siguen bajando.

    Además, es importante aclarar que en algunos días de julio hemos registrado números inusitadamente altos de casos, pero, tal y como pudimos comprobar con el INS, se trataba del ingreso al registro estadístico de pruebas represadas, muchas de junio y algunas incluso de mayo. No eran datos que afectaran la tendencia de descenso. La realidad es que los promedios semanales bajaron de modo notable frente a las semanas más duras de junio.

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    En concertación con IPS, EPS y gremios médicos científicos acordamos continuar en alerta amarilla hospitalaria, amparados en la reducción de consumo de UCI de más del 90% en junio, a 52% al cierre de julio. Esto permitirá atender mejor otras enfermedades y cirugías programadas. pic.twitter.com/cWSAD3cBPP

    — Jaime Pumarejo (@jaimepumarejo) July 31, 2020

    Más importante aún ha sido el descenso del número de muertes. En los días del pico de junio llegamos a registrar en promedio 55 fallecimientos adicionales al histórico en una sola jornada en Barranquilla, el cual –antes de la pandemia– era de entre 18 y 22 muertes al día. En la semana que termina, el número de muertes naturales ya está en su promedio histórico, por lo que ya no ocurre lo que se llama ‘exceso de muertes naturales’. Este indicador es utilizado a nivel internacional para dimensionar con más precisión el efecto de la pandemia. Barranquilla ha sido la única ciudad en hacerlo público.

    De otro lado, la ocupación de las UCI es otro indicador contundente de la mejoría que vive Barranquilla. Del 95 por ciento de ocupación que alcanzamos durante la tercera semana de junio, en pleno pico de la pandemia, bajamos al 80 en la primera semana de julio, al 70 en la segunda, al 62 en la tercera, hasta cerrar el mes en 52 por ciento. Esto no será permanente. Acabamos de bajar la alerta naranja hospitalaria a alerta amarilla, para atender otras patologías que llevan varios meses represadas. Eso necesariamente elevará la ocupación natural de estas unidades, pero mantendremos nuestras alertas y controles severos.

    El asunto es que en las condiciones de hoy estamos constituyendo misiones médicas con profesionales de la salud de nuestra ciudad, que optimizaron sus conocimientos y destrezas durante la pandemia, para contribuir a salvar vidas en otros lugares. La primera ya viajó a Medellín y durante esta semana estaremos activando una nueva. Es nuestra respuesta solidaria a una emergencia que nos involucra a todos como país.

    No cantamos victoria

    Estos resultados nos enorgullecen, pero estamos lejos de cantar victoria. Esta semana, paso a paso, reabrimos el comercio de las primeras localidades, con estrictos protocolos sanitarios y una limitación de los aforos al 30 por ciento.

    Vamos a mantener, hasta nueva orden, el pico y cédula que solo permite salir a quienes porten dos de los diez números.

    Desde mediados de mayo, de hecho, veníamos haciendo algunas aperturas puntuales, como la del sector de la construcción, y luego la de la industria manufacturera, con protocolos rigurosos y limitación del número de trabajadores en las diferentes áreas de labores.

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    Algunos sectores del comercio en Barranquilla han retomado paulatinamente sus actividades. Sin embargo, en todas estas zonas se aplican estrictos protocolos de bioseguridad.

    Foto:

    Vanexa Romero/EL TIEMPO

    Gracias a ello, cuando en junio las 13 principales ciudades y sus áreas metropolitanas registraron, según el Dane, un desempleo superior al 24 por ciento, Barranquilla obtuvo la cifra más baja: 15,9 por ciento. Y eso en el mes más duro de la crisis sanitaria para la ciudad.

    Esas cifras quedan corroboradas con otros indicadores divulgados por el Dane para mayo. Mientras el sector productivo tanto en Bogotá como en Antioquia vio caer su producción industrial y sus ventas en promedios superiores al 31 por ciento, en Barranquilla y el Atlántico, la caída fue del 18 por ciento.

    Demostramos que es posible cuidar la salud mientras permitimos una razonable apertura de la actividad económica, con los debidos controles, y algo muy importante, el compromiso de todos, vale decir, autoridades, empresarios y trabajadores.

    Fuimos los primeros en entregar mercados de manera masiva a los hogares más vulnerables. Hemos mantenido el esfuerzo, incluso con ayudas en efectivo más allá de las que entrega el Gobierno Nacional. Según la consultora Raddar, Barranquilla es, entre las cuatro capitales, aquella donde más hogares (68 por ciento) han podido mantener o aumentar su consumo en esta pandemia.

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    Hasta que Colombia no se declare libre de covid o se encuentre y se aplique la vacuna (…) solo podremos decir que ya ganamos una batalla importante, pero seguimos en guerra

    Tampoco nos confiamos. Mantendremos el altísimo nivel de pruebas, que suman ya 140.000 y estamos complementando con pruebas aleatorias, tanto PCR como serológica, con el fin de hacer temprana identificación de cualquier rebrote.

    Nuestro llamado a la ciudadanía es permanente: guardemos la distancia, lavémonos constantemente las manos y usemos el tapabocas. Quienes incumplan recibirán las sanciones y multas previstas. No podemos arriesgar lo ganado por cuenta de una minoría irresponsable. Además, mantendremos lo esencial de las restricciones y solo abriremos con pasos tan lentos como seguros.

    Sabemos, por la experiencia de países europeos donde hoy hay rebrotes, que la pandemia es traicionera y que hasta que Colombia no se declare libre de covid o se encuentre y se aplique la vacuna que están trabajando algunos laboratorios y universidades del mundo, solo podremos decir que ya ganamos una batalla importante, pero seguimos en guerra.

    JAIME PUMAREJO HEINS*
    Alcalde distrital de Barranquilla
    Para EL TIEMPO



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