Lluvias amenazan con tumbar casa de una mujer en Santa Marta – Otras Ciudades – Colombia

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    Desde que se iniciaron las lluvias en Santa Marta, Francia Tapia González no ha podido volver a dormir por miedo a que la casa, que levantó con tanto esfuerzo en la parte alta de un cerro, se venga al suelo.

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    En el día revisa una y otra vez las grietas que se han hecho en las paredes, posteriormente con llantas, arena y cualquier otro material rellena el suelo que ha venido cediendo por los deslizamientos de tierra que se presentan de forma progresiva. La vivienda se mantiene a escasos metros de un abismo de varios metros de altura.

    Cuando llega la noche, prefiere no descansar y se prepara una jarra de café para permanecer en vilo y estar pendiente de no perder lo único que tiene.

    “Solo logro dormir máximo dos horas diarias”, confiesa la mujer, de 54 años, quien reconoce que el terreno que está ocupando es inestable y en cualquier momento podría colapsar. Aun así, con sus tres hijos de 21, 22 y 30 años, se niega a abandonar esta zona de alto riesgo, porque no hay otro lugar a donde ir y tampoco quieren desentenderse de su patrimonio.

    Antes de la pandemia, Tapia se dedicaba a la venta de gaseosas y cervezas en el balneario turístico El Rodadero. Ella cuenta que construyó su vivienda hace 21 años con el dinero que se ganó de la lotería en la que invirtió 200 pesos y otras donaciones que recibió de amigos.

    Recuerda que en ese época atravesaba por muchas dificultades, tras la separación con su esposo y tener a sus hijos pequeños. Por eso, asegura, se trató de una ayuda de Dios a quien en sus oraciones le pide ahora “que no me quite la casita que me regaló”.

    A la casa se le ha adaptado varios refuerzos para evitar que colapse.

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    Invasiones desmedidas

    En los últimos años, el cerro de San Jorge, donde vive Francia Tapia, ha sido ocupado por muchas más familias que, igualmente, adecuaron un espacio para armar un cambuche o casa rudimentaria con láminas de zinc, ladrillos y bolsas plásticas.

    Esas invasiones, que vienen acompañadas con una deforestación agresiva, ha recargado a las montañas de la ciudad, que durante los últimos aguaceros comenzaron a presentar fenómenos erosivos, dejando como consecuencia varías casas desplomadas, otras con daños en su estructura y dos muertos.

    El director de la oficina de Gestión del Riesgo Distrital, Jaime Avendaño, advirtió que hay cientos de viviendas que todavía podrían colapsar si se intensifican las lluvias durante los próximos días.

    “Los cerros excedieron su capacidad por la manera desmedida como están siendo ocupados. Estos ocupantes ilegales no solo ponen en riesgo sus vidas, sino también la de aquellos que viven en las zonas bajas”, manifestó el funcionario.

    A pesar que los pronósticos de lluvia se mantienen y hay alerta de nuevos deslizamientos en los cerros de la ciudad, Francia Tapia confía en que Dios le mantendrá en pie su casa, y le dará las fuerzas para seguir luchando para superar las necesidades que aumentaron durante la actual emergencia de salud por el covid-19.

    “Como no se puede trabajar, hay días que solo comemos una vez y nos desesperamos porque la única ayuda que recibimos es de los vecinos”, expresa esta samaria, quien dice solo volverá a dormir bien cuando se vayan las lluvias y se controle el virus, para entonces regresar a El Rodadero y generar su sustento diario.

    No quiere ser otra víctima mortal

    A pesar que el Distrito ha atendido las emergencias que se han registrado en las comunidades que viven en los cerros, ha emitido recomendaciones como no bloquear las vías naturales de escorrentía a superficial o corte la cobertura vegetal.

    Sin embargo, lo que Tapia puede hacer por sus escasos recursos es poco y teme convertirse en otra víctima mortal que dejan los deslizamientos.

    En junio pasado, William Delgado y Ronald Semprun fueron las víctimas mortales que cobró la caída de una pared en el sector de El Cerro de la Virgen o invasión Puente Viejo de Gaira.

    Los ciudadanos, ambos venezolanos, fallecieron mientras reposaban en horas del mediodía, sepultados en su propia casa.

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    Hoy, en medio de las noches en vela, Tapia espera que la casa que levantó con esfuerzo y 200 pesos que significaron la cuota inicial de un sueño, por culpa de las lluvias, no se convierta en una pesadilla.

    Roger Urieles
    Para EL TIEMPO Santa Marta
    @rogeruv

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